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Hay vida antes de la muerte

La historia de la evolución ha sido la historia de una lucha infernal entre los que se morían de hambre y los que tenían algo y se defendían y atacaban a los que se morían de hambre, y viceversa. Es una pugna inacabable a la que hemos puesto punto final gracias a la ciencia y a la tecnología. Por primera vez en la historia, sobre todo a raíz de la triplicación de la esperanza de vida, la humanidad tiene futuro y esos dos colectivos no tienen por qué seguir pegándose. Y no sólo tenemos futuro, sino que estamos constatando que hay vida antes de la muerte.

Hasta ayer la gente vivía obsesionada por saber si había vida después de la muerte, pero nadie se ocupaba de saber si había vida antes de la muerte. Ahora podemos decir que hay vida antes de la muerte y es fantástico, porque es la primera vez que ocurre. Nadie reflexiona sobre el período que está concluyendo. Los gobiernos, las universidades, los compañeros, nos piden que reflexionemos sobre lo que va a pasar, sobre cómo vamos a salir de esta crisis, pero nadie habla de dónde venimos. Creo que es indispensable pensar acerca del régimen del que estamos saliendo.
Eduard Punset
La mía es la última generación de la estructura política, jurídica, social y emocional que se creó hace diez mil años con los primeros asentamientos agrícolas. Estamos todavía en aquella civilización. Cuando la humanidad dejó de ser nómada, lo primero que hizo fue definir muy bien, y muy estrictamente, la propiedad privada. Era la primera vez que de vez en cuando sobraban bananas o manzanas y se creó un excedente agrario que había no solo que cultivar sino también que preservar. Con la creación del gran estado nacional y la división de la propiedad, vino el gobierno de los mayores. Es curioso, porque ni siquiera en los relatos bíblicos del arca de Noé se hablaba de los jóvenes, ni tampoco del agua. Los jóvenes tenían un espacio vital muy corto y el agua no se consideraba viva. En esa sociedad, obviamente, la mujer formaba parte del dominio que ejercía el varón. La última característica de aquella sociedad, a cuya última generación pertenezco, fue la negación de las emociones sociales, individuales pero universales; se negaba su existencia y, por tanto, la posibilidad de gestionarlas.

Es bueno recordar que no debiéramos seguir gestionando los primeros asentamientos agrarios de hace diez mil años, como cree mucha gente, sino que estamos intentando descubrir qué es lo que viene, la educación, los sentimientos, los gobiernos que vienen, etc. ¿Qué hemos descubierto ya? Ante todo, que hace falta tomar decisiones innovadoras para solventar problemas, y para eso no hay que soltar discursos sino desentrañar los procesos en los que estamos metidos y saber a qué leyes obedecen. La juventud tendrá que aprender cuáles son las herramientas del liderazgo, como el carisma o la empatía; las herramientas de la cultura, como los ritos sociales o el aprendizaje de la democracia, las herramientas del poder y descubrir de quién se puede fiar. Y por último, por supuesto, tenemos que aprender los mecanismos que nos permitan gestionar procesos complejos, y eso es lo que se aprende en la universidad.

En segundo lugar, hay que tener cierta visión de los cambios que vienen y no de los que han ocurrido. No hacer como los políticos, que pasan la vida discutiendo cosas del pasado. La tecnología y el conocimiento ejercen un papel creciente con relación a los recursos. Lo que faltan no son recursos. Lo imprescindible es conocer y la tecnología es el conocimiento acumulado. Las situaciones en las que estamos entrando son muy complejas. Los fármacos no podrán resolver muchas de las enfermedades que han aflorado a raíz de la triplicación de la esperanza de vida, como el Parkinson o el Alzheimer, tendremos que recurrir cada vez más a la tecnología y al conocimiento de las células vitales, incluidas las células madre.

En tercer lugar, más importante que destilar contenidos académicos en la mente de los estudiantes, es hacer de ellos unos buenos ciudadanos en este mundo globalizado. Éste es un mundo totalmente distinto del que yo había conocido. En mi clase éramos idénticos; éramos una gota de agua igual a otra gota de agua, mientras que ahora en las aulas hay catalinos, catalanes, bolivianos, andaluces... Es el mundo abigarrado, distinto cultural y étnicamente, un mundo globalizado que tenemos que aprender a gestionar. Es un mundo tan dispar que también tendremos que aprender a gestionar lo que tiene de común: las emociones básicas, y universales, el odio, el enfurruñamiento, el desprecio, la sorpresa, la felicidad, etc. No nos han enseñado hasta ahora a hacerlo y es uno de los grandes interrogantes pendientes.
Eduard Punset
¿Qué más nos hará falta saber o aprender? Básicamente, lo que los educandos llaman las nuevas competencias. Yo las reduciría a dos. Una es sugerir mecanismos para focalizar la atención. Mis hijas se quejan de que mis nietas manejan tantas pantallas de videojuegos, de internet, la televisión, el teléfono, que no son capaces de centrar la atención. Cuando me lo dicen, siempre les contesto: “Vi en una escuela norteamericana a un alumno que llevaba una camiseta en la que ponía ‘It is not an attention deficit’.” ¡No es un déficit de atención! ¡Es que no les interesa! Es que para encontrar trabajo, la gente joven necesita focalizar la atención en las cosas nuevas, en las cosas que les son indispensables para conseguirlo, porque salen de un sistema educativo que dio trabajo a los jóvenes de mi generación, pero que es incapaz de darlo a los de hoy, a menos que practiquen y asimilen estas nuevas competencias. De las demás, diré solo que es fundamental saber trabajar en equipo de modo cooperativo, y no solo competitivo, y eso tampoco lo enseña casi nadie.

Esta universidad es fruto de la inteligencia social. No es el fruto de profundizar en el cerebro de una persona de manera que cada vez sepa más de menos, hasta que lo sabe todo y nada, sino que es la chispa que salta cuando un cerebro se relaciona con otro cerebro. Eso es lo que tenemos que aprender, que no son los recursos los que dictan el futuro, sino la inteligencia y el conocimiento. Es verdad que en el arca de Noé no se mencionaba ni al agua ni a los jóvenes, y sin embargo aunque el agua puede vivir perfectamente en este planeta sin nosotros, nosotros necesitamos absolutamente al agua. Con los jóvenes pasa exactamente lo mismo: podrían vivir sin nosotros, pero afortunadamente, nosotros no podemos vivir sin ellos.

Eduard Punset (Barcelona, 1936) es abogado, economista y comunicador científico y ha sido ministro español, conseller catalán, diputado catalán y eurodiputado. Fue redactor económico de la BBC, director económico de la edición latinoamericana de The Economist y economista del Fondo Monetario Internacional en Haití y Estados Unidos. Es el director y presentador del programa Redes, de TVE, y dirige la productora audiovisual Smartplanet. Especialista en el impacto de las nuevas tecnologías, fue el padrino de la ceremonia de graduación de la UOC 2009-2010 que se celebró en Madrid el 27 de noviembre. Este artículo es una síntesis de la conferencia magistral que pronunció.
www.eduardpunset.es

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